¿Recuerda cuando fue la última vez que compró un CD? La respuesta variará
notablemente si está leyendo este artículo en la edición en papel, o si está
acostumbrado a acceder a la edición digital de INFORMACIÓN a través de su tablet
o de cualquier otra pantalla, e ilustra uno de los caminos probables de la
edición tradicional: quedar reducida a un consumo residual. Llevan años
asustándonos con la cantinela de que “el libro digital matará al libro en
papel”, y hasta el desembarco en España hace pocos meses del mayor portal de
venta de ebooks, ese futuro parecía lejano, y ahora ya empiezan a proliferar
las voces que anuncian el fin de la industria editorial tal y como la conocemos.
Sin embargo, hacer una comparación de la pelea entre la música digital contra
el soporte en CD por un lado, y la del libro digital contra el tradicional en
papel es falsa, en tanto que el libro es un formato que ofrece prestaciones
insustituibles e inmejorables: la experiencia física, el libro como objeto, la
bibliofilia… que el CD no aporta (y que sí tenía el vinilo, que paradójicamente
está siendo ahora recuperado), pero lo que sí está cometiendo la industria
editorial, uno a uno, son los mismos errores que ha cometido la musical.